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Estábamos arrancando el año. Disfrutábamos de un pequeño parón en los días posteriores a celebrar los Reyes. Las Navidades habían sido una locura de trabajo, como todo el 2020. Lleno de incertidumbre y de ganas de ayudar a las empresas que lo estaban pasando mal. Al mismo tiempo lleno de cosas buenas, de resiliencia, de superación, de buenas personas alrededor que nos impulsaron. 

Esa mañana estábamos sentadas al sol, oliendo el mar y con Teo a nuestro lado (Teo es el compañero perruno de vida de Mariem, y también nuestro compi en Dejando Huella). En esos momentos de calma, en los que puedes pararte relajada a reflexionar, en los que tienes tiempo para que las ideas se abran paso en tu mente, y puedas compartirlas para ver qué fluye, comenzamos a darle forma a Dejando Huella.

Nos apetece resaltar ese momento disfrutón en una mañana de enero, porque en muchas ocasiones no dejamos espacios para respirar y oxigenar nuestra mente y nuestro cerebro. Aquel momento de calma lo recordamos con especial cariño, porque enseguida pasamos a la acción y empezamos a ayudar a las empresas con su comunicación. Fue un momento mágico. 

Nos conocemos desde hace 6 años y en diferentes facetas: Con una relación empresarial de clienta y empresaria, compartiendo lugar de trabajo, siendo compañeras en proyectos, socias y co-fundadoras en Dejando Huella, co-fundadoras de Pontebrújula y lo más importante de todo, amigas que nos apoyamos y nos queremos un montón.

Confiar plenamente una en la otra nos da una seguridad y una tranquilidad en nuestro día a día brutal. Somos diferentes pero encajamos bien. Nos complementamos. Coincidimos plenamente en las cuestiones importantes, y desde esa base, construimos Dejando Huella a nuestra imagen y semejanza: Nos gusta cocinar los proyectos a fuego lento, poner a las personas en el centro (son el activo más importante de las empresas y hay que cuidarlas y mimarlas al máximo) y sintonizar en la misma onda con nuestra clientela y compañer@s de viaje.

Ambas tenemos una trayectoria profesional que nos ha permitido aunar la estrategia y la comunicación. El resultado es que comunicamos desde la esencia y la estrategia es el plan director para que todo tenga coherencia y los objetivos se cumplan. De ahí nuestro mantra: “No es la distancia que recorres, sino la huella que dejas”.

Desde aquel café inspirador ha pasado más de un año. Estamos agradecidas por todo lo que nos hemos llevado, y al mismo tiempo orgullosas de lo que hemos soltado, que ha sido mucho. Estamos dispuestas y con los brazos abiertos para acoger todo lo bueno que nos traiga el 2022. Satisfechas porque en lo momentos duros, nos tenemos la una a la otra que somos lo más importante en Dejando Huella.

Esperamos de corazón que te apetezca seguir conociéndonos ☺

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